Diseñar un nuevo TT siempre es una tarea difícil. Al ser un ícono, es un proyecto que siempre implica desafíos. Es el primer "halo car" de la marca, y que marcó una ruptura dentro de Audi en materia de diseño allá por 1998, y que también rompió con la imagen que la gente tenía de la marca en relación a ser un producto clásico y conservador.

Ya en la segunda generación, mantuvo ese espíritu rupturista, y en esta tercera fue diferenciarlo todavía más que antes. Si bien las líneas son casi las mismas, es decir, no dejó de ser un TT, pero cambiaron elementos que lo acercan más al actual R8, como ser la parrilla o las ópticas. Salvando las distancias, es como una versión a escala de ese modelo.

Lo que incorpora en esta evolución es mucha conectividad y tecnología aplicada. Tiene un tablero nuevo y digital que se llama Audi Virtual Cockpit que no tiene los relojes tradicionales, los comandos de la climatización integrados en las salidas de ventilación, y la calidad de las terminaciones son de un nivel que está a la par de productos del doble de precio.