Esta obra significa la síntesis de la Arquitectura Orgánica - Color del Arquitecto Flores Flores. En la arquitectura practicada hasta el momento, el acceso tomó mayor protagonismo, se entraba siempre por espacios curvos, quedando la salida hacia el espacio abierto como un final no del todo coherente. Toda la riqueza formal que presentaba la fachada frontal no había quedado resuelta en los contra frentes, seguían siendo naturales, casi descuidados ya que se ponía el máximo esfuerzo en la succión, en el rito de acceder. 

En La Rinconada se empieza  a poner énfasis en el contra frente, se entra por un espacio envolvente y se sale, entonces por un espacio también envolvente. La arquitectura va evolucionando paso a paso, escalón por escalón, sin atajos. 
Esta obra es la conjunción más completa del proceso evolutivo que ha tenido la Arquitectura Orgánica realizada en el Estudio del Arquitecto Flores Flores junto con la Arquitecta Deana.

Nuevamente en esta obra se deja en evidencia la importancia del lugar, el cual es incorporado a las condicionantes del proyecto. Por tratarse de una tierra que tiene escasamente 25 metros de profundidad y 50 metros de largo, origina una obra longuilínea, donde los límites catastrales se trabajan de lado a lado, obteniendo como resultado una casa que curiosamente no tiene espacio para el atrio. Ante esta situación, el Arquitecto suple el atrio por un espacio central, con las mismas características resolutivas, que se distribuye en un espacio en altura doble, generando de esta manera un atrio cerrado con un espacio de luz central cenital.

“Cuando me quede sin atrio y creamos esta forma de doble espacio el habitante la sintió emparentada con su casa de San Isidro, que tenía un doble espacio. No fue trasplantado, hay que favorecer al habitante… Lo visité varias veces a su casa y en los diálogos que teníamos estaba toda esta esencia…”

El terreno donde se implanta la obra no presenta grandes problemas de seguridad, pero el motivo por el cual se cierra en su fachada se debe a su entorno; a escasos metros pasa la Ruta Interbalnearia, en subida, donde el sonido de los motores es mayor; al mismo tiempo la orientación de esta fachada es desfavorable y no permitía agradables vistas, por lo tanto, los muros se transforman en elementos aislantes sonoros, térmicos y visuales.
Pero la contra fachada es la encargada de brindarle a los habitantes todos los placeres, ésta se potencia con aberturas hacia el océano y la naturaleza, con vistas hacia increíbles atardeceres. Esta arquitectura no permite ser juzgada rápidamente ya que considera las condicionantes intimas de sus habitantes y las limitantes normativas, el contexto donde se inserta la obra. 

Una de las premisas solicitadas por el habitante fue minimizar la manutención de la casa; los antecedentes de las casas blancas no eran un buen ejemplo ya que deben ser pintadas y las pinturas acrílicas hoy en día son caras, las casas naturales, de ladrillo a la vista como Las Magdalenas, no cumplen tampoco esta exigencia ya que el viento erosiona las juntas y deber ser realizadas cada cierto periodo de tiempo. Cuando el Arquitecto realizó esta obra buscó solucionar ambas problemáticas, encontrar un producto que tuviera color, el verde oliva fue elegido para lograr mimetizar la obra con el bosque natural nativo a su alrededor y que éste estuviera incorporado al material, solución que había ensayado previamente en Buenos Aires en la casa de La Horqueta.  Lamentablemente el color al que se llegó no fue el solicitado, debido a una falla en la mezcla realizada por la empresa subcontratada, por lo tanto el color resultante parece ser un gris hormigón.

“…hay que darle tiempo para que el habitante se interiorice con la obra… Lo lindo y lo feo queda afuera, del sentido de belleza no se habló, es el espacio lo que atrae al hombre…”