El trabajo de relacionamiento entre el arquitecto y los habitantes suele determinar el resultado de la obra. Cuando el diálogo fluye, ambas partes se funden en una unidad que opera como equipo, y el resultado es conmovedor. Algo así suele suceder con las obras de los arquitectos Javier y Gerardo Gentile, del estudio DEALMA. En esta oportunidad la sorpresa nos llega desde Carmelo, donde los reconocidos profesionales trabajaron con Federico Bonomi y su esposa, Cynthia Kern, para concebir la casa de descanso familiar. 
No solemos detenernos en los nombres de los habitantes cuyas casas publicamos. Pero en esta oportunidad importa hacerlo, ya que permite explicar mucho de lo que sigue. Federico Bonomi y Cynthia Kern son los fundadores y propietarios de KOSIUKO, marca de prestigio internacional que nació como fabricante de jeans y que luego expandió sus horizontes, tanto como para generar la división KOSIUKO HOME. 
La relación con los hermanos Gentile cuenta años, han trabajado para la marca desarrollando locales comerciales, concibiendo vidrieras, organizando presentaciones, y también proyectando sus casas. Al momento de ser convocados para proyectar una casa de descanso en Carmelo, Bonomi y Kern ya habían adquirido 130 hectáreas pobladas por legendarios olivos, con costas sobre el río Uruguay. Aquello era un páramo. Sin caminería, el terreno ofrecía una topografía particular, con zonas elevadas y otras en depresión, y, por supuesto, la ribera sobre el río parecía llevarse todas las miradas. Un detalle llamó la atención de los hermanos Gentile. A lo largo y ancho del campo emergían, solitarias y muy distantes entre sí, enormes palmeras. Por su altura, según Javier Gentile, con más de cien años. Las recorridas por el campo fueron numerosas, siempre buscando el mejor lugar para la implantación de la casa. La ribera sobre el río era el principio y el fin de cada conversación, hasta que una tarde, Javier Gentile y Federico Bonomi descubren en una zona alta, alejada de la ribera, una palmera que sobresalía en un bosque nativo. Al aproximarse descubrieron que a un lado de la palmera se mantenían los restos de una vieja casa, chica por cierto, una suerte de paraje abandonado. “Aquí va la casa”, sentenció Gentile para sorpresa de su cliente, que lo miró atónito. “Sí, este es el lugar, la ribera del río no queda lejos y desde aquí se domina todo el campo. Las vistas son increíbles y además debemos aprovechar esta construcción…”, agregó el arquitecto. Corresponde saber que el habitante no se resistió mucho. Así nace el proyecto para esta casa que nace signada por la historia del lugar. Importa recordar que a muy pocos kilómetros de allí se fundó la primera estancia de nuestro país. Españoles, portugueses e ingleses transitaron estos campos y seguramente dispararon algún que otro tiro o protagonizaron alguna que otra correría. 
El proyecto arquitectónico contó con la presencia constante y activa de los habitantes que, enamorados del lugar primero y de la idea de poner en valor un antiguo casco de estancia después, hicieron suyo el proyecto. Los hermanos Gentile desarrollaron un proyecto que envuelve a la vieja estructura y la integra, manteniéndola tal cual fue encontrada, a un complejo mayor. La cocina y el comedor diario, lugar de encuentro natural para la familia, ocupan el lugar histórico de la edificación. Luego, en torno a este volumen se generó otro, que incluye seis suites. Los habitantes son un matrimonio que gusta de recibir amigos y las tertulias suelen prolongarse hasta tarde, por esa razón el cuerpo central del nuevo edificio es un impresionante living a partir del cual se articula la distribución interior. Una cava, con un pequeño living para degustar vinos, leer o simplemente conversar —el vino se conversa—, salas de juego, pequeños rincones que promueven diálogos íntimos o solitarios, la magia del espacio está en las atmósferas creadas por los hermanos Gentile. Techos a la porteña, paredes revocadas y un increíble trabajo de recuperación. Bonomi y Kern, junto a Javier Gentile, decidieron que los pisos debían ser de madera noble y antigua. Y que la cocina y el comedor diario deberían contar con pavimentos en base a baldosas del siglo XIX, toda una odisea que hoy da sus frutos y le confiere ese carácter tan particular a la casa.
Las piezas de mobiliario, los complementos y los adornos fueron escogidos uno a uno por los habitantes. Asesorados por Javier Gentile, no escatimaron esfuerzos por concentrarse solo en aquello que tenían en mente, alejándose de las modas; generaron ambientes eclécticos y cargados de vida y sentido. Cada rincón da cuenta de la pasión por la vida, la familia, el paisaje y, por supuesto, el diseño.